Equidad En La Educación En México
Introducción
La Ley General de Educación Mexicana establece que toda persona tiene derecho a recibir educación. En los últimos años este derecho se ha expandido conceptualmente a incluir no sólo el derecho a recibir una educación sino a recibir una educación de calidad. Este principio de equidad hace imprescindible adoptar y reforzar las medidas que han sido destinadas a mejorar la calidad de las escuelas, principalmente aquellas que se encuentran en mayores desventajas de acceder a las oportunidades educativas. Dentro de este grupo se encuentran primordialmente las escuelas rurales, urbano-marginales y las que atienden a poblaciones indígenas. Diversos estudios realizados durante las décadas de los 80s y 90s, encontraron que las escuelas rurales, urbano-marginales e indígenas sufrían, entre otras cosas, de importantes deficiencias que afectaban la calidad educativa, como altos niveles de ausentismo docente, deficiente infraestructura escolar, y altos índices de rezago educativo. Los programas compensatorios buscaron atacar esta problemática fortaleciendo la oferta educativa y ayudando a abatir las causas del rezago educativo. En 1992, como parte del Acuerdo para la Modernización Educativa y con financiamiento proveniente del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, México implementó una serie de Programas Compensatorios comenzando en los cuatro estados que reflejaban mayores índices de marginalización y rezago educativo: Oaxaca, Chiapas, Guerrero e Hidalgo. A través de recursos para la inversión física y en recursos humanos, los programas compensatorios buscaban “compensar” el hecho de que las escuelas rurales e indígenas, se encontraran en particular desventaja con relación a sus contrapartes urbanas. En este contexto, los Programas Compensatorios buscan lograr una mayor equidad no sólo de oportunidades sino también de resultados, al reconocer que no todas las escuelas tienen la misma capacidad de impulsar el aprendizaje de sus alumnos.
Desarrollo
En la época de la globalidad, el porvenir de pueblos y naciones depende de la habilidad de sus hombres e instituciones para insertarse con éxito en la nueva realidad mundial. La competencia entre sistemas educativos es la verdadera carrera económica y geopolítica del siglo XXI. Es en el seno de los buenos sistemas educativos donde se forma, entrena y educa la inteligencia de pueblos y naciones. En la formación de recursos humanos talentosos y bien entrenados se juega el desarrollo socioeconómico y cultural de los países, y de ello depende el mejoramiento de su calidad de vida. Por ello, la educación es considerada cada vez más como una inversión para el futuro colectivo de las sociedades y las naciones, en vez de ser vista como un gasto para el éxito de los individuos. La educación en México es un derecho fundamental y un bien público, por lo que las políticas al respecto deben garantizar que toda la sociedad tenga derecho a sus beneficios. Lograrlo implica asegurar que todos los individuos arriben a ella, la conclusión de los estudios obligatorios tanto para las nuevas generaciones como para quienes rebasaron la edad escolar, y brindar oportunidades equitativas en los niveles medio y superior. Por ello, la inversión educativa es un medio para promover la justicia y la equidad social. Si bien es cierto que la educación no es el único gran cuello de botella nacional, sí es uno de los que más pueden contribuir al desarrollo sostenido del país. En por lo menos los 10 últimos años, la calidad educativa se ha convertido en uno de los términos más populares en el discurso público. Sin embargo, en la práctica poco se ha entrado al terreno de definir, en términos concretos, lo que la calidad educativa implica en el quehacer cotidiano de los actores principales del sistema educativo (los alumnos, maestros y padres de familia). La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) publicó un informe sobre el avance en los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el que menciona que, a pesar de que falta cerrar brechas en algunos rubros, México es uno de los pocos países latinoamericanos que lograrán cumplir con la equidad en la oferta educativa. Los resultados generales del informe muestran que se debe redoblar esfuerzos para cumplir las metas fijadas para el año 2015. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) son ocho grandes líneas de acción que comprenden 21 metas, basadas en 60 indicadores; fueron acordados durante la Cumbre del Milenio (celebrada del 6 al 8 de septiembre de 2000), y publicadas como la Declaración del Milenio, aprobada por 189 países y firmada por 147 jefes de Estado y gobierno de los mismos. El informe de la UNESCO señala que sólo 85 países cumplirán con la paridad de género para la educación básica. Asimismo, dos de cada tres países aún presentan serias desigualdades en el acceso a la educación primaria y secundaria, siendo las mujeres las más desfavorecidas; no obstante, este último grupo presenta mayor eficiencia terminal para el nivel de secundaria. Por lo anterior, es significativo que México sea uno de los cuatro países latinoamericanos que lograrán la equidad de género en el acceso a la educación media superior (o terciaria) para 2015, al igual que Chile, Colombia y Guatemala. Por otra parte, en la misma línea de la equidad, en México se está trabajando para ampliar el acceso a la educación para los llamados grupos vulnerables. Estos grupos están constituidos por personas que comparten ciertas características, cuya naturaleza las ubica en distintas desventajas con respecto a la población general o son objeto de discriminación a causa de las mismas (como las personas con discapacidad, las mujeres, a niños en condición de calle, comunidades marginadas por sus condiciones geográficas, etcétera), para los cuales la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha instrumentado opciones educativas como las Universidades Interculturales (UI) y el Programa de Educación Superior Abierta y a Distancia (ESAD). Uno de los sectores que se ven más desfavorecidos en el acceso a la educación es la población indígena, que representa alrededor de 12.8% de la población total del país, según datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO). De este porcentaje, el 27.3% es analfabeta; sólo el 11.4% cuenta con educación primaria, 9.8% con secundaria, 6.2% con educación media superior y únicamente el 2.8% con educación superior. Una de las formas en que sea se ha tratado de ampliar la cobertura educativa (específicamente en la edad superior) es a través de las Universidades Interculturales, que se ubican en zonas de alta o muy alta marginación. Estas condiciones específicas hacen que las UI tengan una oferta educativa enfocada en las oportunidades de desarrollo de cada comunidad a la que están destinadas, así como que la Subsecretaría de Educación Superior (SES) de la SEP haya considerado la creación de un subsistema específico para las UI. Cabe mencionar que el 51.7% de la matrícula total de estas instituciones está compuesto por mujeres.
Conclusiones
La experiencia Mexicana a más de diez años de programas compensatorios, ha demostrado que es necesario tomar medidas adicionales para que todas las escuelas del país logren tener acceso a las mismas oportunidades educativas. Estas medidas parecen haber sido importantes para mejorar los índices de equidad en un país marcado por fuertes diferencias sociales y económicas a lo largo de su territorio. Sin embargo, la experiencia de los programas compensatorios en México también ha demostrado que no se trata simplemente de inyectar recursos monetarios a las escuelas y esperar los resultados. La experiencia Mexicana es una de constante evolución y adaptación. El modelo original de los programas compensatorios, ha sufrido muchas modificaciones aunque su espíritu original permanece intacto: reducir el rezago educativo para los niños y niñas en mayor desventaja económica. A lo largo de más de una década, se ha necesitado una compleja interacción entre instituciones locales, estatales, federales e internacionales para lograr la implementación de un modelo que no siempre ha resultado uniforme o exitoso en todos los casos. Las regiones o países que busquen utilizar programas compensatorios para mejorar la equidad educativa de sus poblaciones, necesitarán tomar en cuenta todas estas capas de complejidad dentro de sus contextos particulares, para aumentar sus probabilidades de éxito.

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